CONVOCATORIA III CONGRESO INTERNACIONAL IGLU Lima, Perú 29 y 30 de abril de 2013

El Instituto de Gestión y Liderazgo Universitario (IGLU) de la Organización Universitaria Interamericana (OUI), con la colaboración de la Pontificia Universidad Católica del Perú, convoca al III Congreso Internacional IGLU para celebrar 30 años de formación de líderes de las instituciones de educación superior de América Latina, lanzar la nueva versión del IGLU para seguir formando los actuales y futuros líderes, y compartir opiniones, investigaciones y experiencias sobre la gestión universitaria. A continuación se describe el tema del Congreso, y se especifican los requisitos para la presentación de trabajos.

TEMA DEL CONGRESO:
La Gestión de las Instituciones de Educación Superior y las Estrategias Nacionales de Desarrollo

Si celebramos un encuentro entre rectores en cualquier país de América Latina y el Caribe, de seguro se abordarán varios temas de importancia vinculados a las instituciones de educación superior. Dependiendo de los países, tomarán diversos matices. Un tema que no faltará en ningún encuentro será la relación entre las instituciones de educación superior y el Gobierno: nuevas regulaciones propuestas o impuestas, cambios presupuestarios, nuevas políticas, etc. En algunos casos se tocarán temas más ligados a la ejecución de los políticos, sus ideas, su ética, su posible continuidad. Es posible que los temas que ocuparán más tiempo estén referidos al rumbo del país, los planes propuestos por los gobernantes de turno o la falta de planes (la ausencia de políticas también es un política), el modelo político-económico-social que se adopta, las últimas políticas aprobadas que comprometen el futuro nacional; en resumen, las estrategias nacionales de desarrollo.

De seguro, a pesar de que en todos los temas podrán existir diversas posiciones, los vinculados a la visión de futuro del país, al modelo que la sustenta y su carga ideológica o doctrinaria, y a la estrategia nacional de desarrollo adoptada, a la relación con los sectores productivos, serán los que animarán más la discusión. Habrá un grupo de rectores que favorecerán ese futuro país que el gobierno quiere construir o está construyendo, y otros que considerarán que el rumbo e incluso la visión planteada están equivocados. Algunos parecerán alineados con los planteamientos gubernamentales, otros parecerán opositores decididos; siempre algunos serán mediadores e incluso tomarán posiciones reservadas pero con aportes claves en las discusiones Cuando las circunstancias lo permitan, muchos esperarán las próximas elecciones para o incorporarse a la construcción de respuestas alternativas, o para volver a ser cautos observadores del rumbo del nuevo gobierno o de los lineamientos novedosos a presentar por un régimen que continúa. Algunos resaltarán el hecho de la supervivencia de las instituciones de educación superior por siglos versus la temporalidad de los gobiernos, otros insistirán en la conquistada autonomía como componente esencial para las posiciones casi de protagonismo que adoptaron (y pueden de nuevo adoptar) determinadas instituciones de educación superior ante regímenes de fuerza o corruptos, y habrá un grupo que insistirá en el papel de las universidades en la construcción de un mejor futuro para todos. No faltará quien se queje de que a pesar de las ofertas de colaboración no ha habido la aceptación de su institución como se ha hecho con otras. Todos, lo más seguro, clamarán por mayor participación de las instituciones de educación superior en la definición del rumbo, en la adopción de los cómos, y en los procesos nacionales de cambio.

Entre los rectores habrá los que se orientan principalmente por los indicadores de los rankings mundiales en los que no aparece el compromiso con una mejor nación, y en el otro extremo los rectores que no se orientan por la calidad, sino por el aumento de la cobertura, en algunos casos por mandato gubernamental y en otros por los beneficios que puedan obtener de atender a más y más estudiantes. Si para algunos las evaluaciones y acreditaciones se convierten en el norte casi obsesivo de su gestión, otros se preocupan por la gestión de la apariencia para deslumbrar a los pares evaluadores, aunque para la mayoría las exigencias de los gobiernos y las agencias se convierten en legítimas preocupaciones sobre todo cuando se exigen sin las ventanillas de financiamiento para lograrlas. La mayoría de los rectores, colocados en posiciones intermedias, defenderán el aseguramiento de la calidad. Si para algunos ya esa contribución es suficiente pues fortalece la imagen país ante la comunidad internacional, para otros es solo el inicio del papel de la universidad en el fortalecimiento del futuro nacional.

En la conversación de los rectores de seguro saldrá a relucir también las relaciones con el sector productivo privado, dependiendo de las fortalezas de los mismos según los países. El sector privado será entendido por algunos como el “cliente” que hay que escuchar para afinar los currículos de las carreras dependiendo de la demanda, para investigaciones a emprender y para servicios a ofrecer. Algunos rectores plantearán la necesidad de un mayor acercamiento tanto para el fomento del emprendedurismo, como la investigación relevante para proyectos innovadores, el desarrollo de la cultura de la innovación, y el fortalecimiento de las relaciones que en otras latitudes se convierten también en contribuciones materiales significativas para los proyectos que se le demandan a la institución, de las cuales necesariamente el sector privado se beneficia. Otros verán el sector privado con recelo, ya sea porque temen que opinen demasiado sobre el quehacer universitario sin una contribución significativa, o porque lo perciben como escollo para el desarrollo nacional emprendido.

En una sociedad y economía del conocimiento los gobiernos miran más a la universidad como la proveedora de nuevos conocimientos e innovaciones y del talento humano que requieren los nuevos lineamientos y la estrategia nacional de desarrollo trazada. Si en su momento las instituciones de educación superior fueron proveedoras de ciudadanos formados para la burocracia estatal, luego de ciudadanos para la sociedad industrial, y fueron centros importantes; hoy aumentan su importancia. Son las que generan los conocimientos y desarrollan los “conocedores” para alcanzar las ventajas competitivas que permitan un mayor crecimiento de nuestras economías, y son claves para el desarrollo de cualquier estrategia, incluyendo aquellas que también se focalizan en el desarrollo de valores diferentes a una sociedad de consumo, aquellas que apuestan a la paz, a la libertad, o que priorizan la calidad de vida de todos los ciudadanos. Mientras unos critican que los gobiernos, de todos los matices de los modelos políticos, económicos y sociales, en ocasiones han prescindido de las universidades tradicionales y han creado nuevas instituciones de educación superior más cónsonas con sus lineamientos, otros critican aquellas instituciones de educación superior que se convierten en simples espectadores de procesos que se consideran vitales para el país o que se alían con las fuerzas de clara militancia opositora. El sector privado ha apoyado también el surgimiento de universidades alternativas cuando las tradicionales no le han respondido a sus demandas curriculares, de servicio o de investigación.

Emprendedurismo, PYMES, curriculum flexible, investigación y desarrollo tecnológico, relaciones con el sector productivo, participación del sector productivo en la definición de los perfiles de carrera, mayor transparencia y rendimiento de cuentas, educación en valores, son algunos de los temas que el gobierno o el sector privado plantean, que muchos altos directivos entienden y quisieran incorporar, pero que encuentran resistencia o poco acogida a lo interno de las universidades. Las autoridades universitarias viven la tensión entre la preocupación por la permanencia y desarrollo institucional y el cumplimiento de la misión institucional, a la vez que el compromiso de mantener la armonía interna, la conquistada autonomía y las demandas externas. Nuestras instituciones de educación superior son comunidades de profesores defensores de su libertad académica representantes de todo el espectro político, estudiantes que en algunos países adquieren características de “indignados”, militantes opositores, y en otros de militantes alineados con las líneas gubernamentales, empleados que asumen en ocasiones un activismo beligerante, egresados que añoran los tiempos anteriores, y gestores en continuo reto de armonización, efectividad y respuestas. Son instituciones de alta credibilidad social a la cual la sociedad se vuelca constantemente para buscar orientación, respuestas y para pedirles que rindan cuentas y que exhiban mayor transparencia.

El gran tema de la gestión, sin duda alguna, es el papel del rector o rectora y otros altos directivos como gestores de una institución de educación superior, pública o privada, posición a la que han ascendido por diversas vías, en algunos casos por nombramiento gubernamental, en otros por elección de los pares (incluso con participación estudiantil), o por nombramiento de un sector privado que espera más de la institución. A nivel institucional el rector intenta asumir el ejercicio de una gestión prudente y a la vez pertinente y decidida que contribuya con la construcción de un mejor país, más responsiva a las demandas de los sectores externos, y de la conquista de mayor calidad de vida para todos los ciudadanos. En ocasiones, da un sí a determinados compromisos con la estrategia nacional de desarrollo y se ve obligado a negociar un sí de sus expertos que generarán las respuestas esperadas de la institución.

La gran pregunta es ¿cómo deben asumir el rector o rectora, los vicerrectores y otros directivos universitarios esa gestión prudente, pertinente y decidida? De la cual, a su vez, derivan nuevas interrogantes: ¿Cómo lograr el balance entre el apoyo a la estrategia nacional de desarrollo que el gobierno ha propuesto e iniciado, con la función de “conciencia crítica” de la sociedad? ¿Cómo gestionar una institución de educación superior que sin renunciar a su autonomía se incorpora activamente en la visión propuesta por las políticas que apuntan al futuro y sus acciones? ¿Cómo defender la institución, su autonomía, su continuidad e incluso su supervivencia ante acciones gubernamentales que le afectan? ¿Cómo gestionar una institución de educación superior en la cual valoramos la libertad académica profesoral cuando tenemos profesores pro-compromiso decidido con las políticas gubernamentales y otros decididos opositores del rumbo que lleva el país? ¿Cómo lograr un balance entre lo que demanda el mercado estudiantil (a veces carreras de poca empleabilidad y de poca importancia estratégica), con lo que demanda el mercado laboral (no necesariamente lo suficientemente innovador para el gobierno) y con lo que demanda el gobierno para apoyar su estrategia y sus planes (en ocasiones en áreas novedosas que demandan mayores inversiones, o son de escasa popularidad entre los estudiantes)? ¿Cómo lograr la incorporación de los actores a lo interno de las instituciones? ¿Cómo conciliar o vincular la docencia relevante con la investigación pertinente y encontrar recursos para promoverlas? ¿Cómo articular la misión y visión de la educación superior con los imperativos de la “innovación” y de los nuevas demandas?

Poco se ha discutido sobre esa gestión prudente, pertinente y decidida, la cual adquiere diversos matices: gestión en la incertidumbre, gestión para el compromiso, gestión relevante, gestión negociadora, gestión en la precariedad, gestión de futuro, gestión autónoma pero vinculada. Todas son esfuerzos no catalogados y poco estudiados que afectan de manera diferente a las universidades latinoamericanas dependiendo de su naturaleza y del país en que se insertan. Es preciso crear espacios de discusión, formación y orientación.

El IGLU de la OUI tiene un compromiso de formar los directivos y líderes de las instituciones de educación superior de América Latina y el Caribe en un entorno de compromiso contextualizado a sus realidades, a la vez que en el ejercicio crítico de sus funciones. El IGLU en su III Congreso Internacional quiere facilitar el diálogo, la discusión, la comunicación de experiencias y de investigaciones que sirvan para que cada participante, más consciente de las tensiones y los compromisos, adopte una gestión más efectiva.

Para el III Congreso Internacional se buscan presentaciones de diferentes posiciones, de diversas maneras de enfrentar ese compromiso de nuestras instituciones con las estrategias nacionales de desarrollo en el contexto de las tensiones antes mencionadas, haciendo énfasis en los estilos de gestión que debemos desarrollar y ejercitar. No se convoca el Congreso para firmar un documento de apoyo a determinada forma de hacer las cosas. Se convoca como espacio para conocer experiencias exitosas, casos por resolverse, debatir posiciones, generar inquietudes, potenciar la sana incertidumbre académica y ofrecer la oportunidad de construir mejores respuestas. Se reitera sí el compromiso de formar mejores equipos humanos directivos de nuestras instituciones, y el III Congreso Internacional quiere ser un espacio para ello. Aún más, los trabajos que se presenten al Congreso formarán parte importante del repositorio disponible para los participantes en futuros Cursos IGLU.
LINEAMIENTOS PARA LA PRESENTACIÓN DE TRABAJOS

El Congreso tendrá cuatro tipos de presentaciones:

Conferencias (por invitación del Comité Organizador)
Paneles (por invitación del Comité Organizador)
Ponencias individuales o grupales
Presentaciones fijas para ser colocadas en murales (“poster sesión”)

Se aceptarán propuestas de trabajos para los tipos de presentaciones 3) y 4). Es importante tomar en cuenta que:

La presentación de la propuesta es un compromiso para asistir al Congreso y estar presente a la hora programada.
La presentación de una propuesta no implica aceptación automática. El Comité Académico-Científico luego de la revisión de las mismas comunicará al proponente antes del 1ro. de marzo de 2013 la aceptación o no de su propuesta.

Las propuestas:

Deben corresponderse con el tema del Congreso, el cual se puede abordar desde el punto de vista de la gestión académica y sus implicaciones, de la gestión estratégica, o de la formación del liderazgo de las instituciones de educación superior.[1]
Pueden ser:

Ensayos en que se presenten posiciones sobre el tema del Congreso, haciendo énfasis en las implicaciones para la gestión universitaria.
Informes de resultados de proyectos de intervención realizados en el marco del curso IGLU de temas vinculados.
Presentaciones de iniciativas o proyectos institucionales de debates de las estrategias nacionales de desarrollo o de participación en acciones propuestas por el gobierno, o desarrolladas como colaboración desde la propia institución de educación superior.
Presentaciones de iniciativas o proyectos asociativos de las universidades con el sector privado en correspondencia con los lineamientos trazados por la estrategia nacional de desarrollo.
Resultados de investigaciones que aporten datos locales o regionales sobre la temática tratada (encuestas a funcionarios gubernamentales, a directivos universitarios, a representantes del sector privado, informes de grupos focales, análisis de estadísticas de participación, etc.).
Análisis de políticas públicas o institucionales (leyes, decretos, planes, reglamentos).
Análisis de discursos de funcionarios gubernamentales, privados, rectores u otros actores universitarios.
Informes de estudios críticos de políticas gubernamentales, de posiciones del sector privado o de respuestas universitarias, desde el punto de vista del papel de la universidad y la gestión universitaria.
Informes de opiniones en las redes sociales, en blogs, o foros específicos, columnas periodísticas sobre la temática (informes de seguimientos de reacciones ante determinadas decisiones y repercusiones para la gestión institucional).
Trabajos de revisiones de la literatura, o meta análisis (estudios comparativos con otras regiones, estudio comparativo de países o instituciones, revisión de estudios similares en diversos ámbitos), siempre con implicaciones para la gestión institucional.

Se recibirán propuestas desde el 2 de enero hasta el 15 de febrero del 2013. Se aceptarán propuestas en español, portugués, francés o inglés. La presentación de propuestas debe responder a los siguientes lineamientos.

El trabajo no deberá exceder de más de 6 autores y un máximo de 3 ponencias por autor.
El archivo electrónico de la propuesta deberá incluir: Título, Resumen (no mayor de 300 palabras).
Se aceptarán propuestas de trabajos terminados o de trabajos o investigaciones en proceso.
Los proponentes deben identificar que tipo de trabajo va a presentar (ver arriba 2).
Hoja resumida de curriculum (no más de media hoja tamaño carta por autor).
Correo electrónico de los autores.
Antes de enviar su propuesta, asegúrese de que los archivos no estén infectados con virus.
Los propuestas deben enviarse a [email protected] a más tardar el 15 de febrero de 2013.
Para los trabajos aceptados, si desea que se comparta el trabajo con los participantes, deberá remitir copia antes del 15 de marzo de 2013.

MÉTODO DE EVALUACIÓN

Las propuestas serán revisadas por el Comité Académico-Cientifico y se informará el resultado vía correo electrónico a más tardar el 1ro. de marzo de 2013 (fecha límite de presentación: 15 de febrero de 2013).
INCENTIVO PARA LOS TRABAJOS ACEPTADOS

Está previsto un descuento de un 50% de la tarifa de inscripción que le corresponda pagar a uno de los autores del trabajo aceptado dependiendo del status de su institución y de la fecha en que se efectúe la inscripción.
INFORMACION ADICIONAL

Sobre el III Congreso Internacional: Miguel J. Escala, Director Ejecutivo del IGLU, [email protected]

Sobre la presentación de propuestas de trabajos: Mónica Bonifaz, Coordinadora del Comité Académico-Científico, [email protected]@edu.pe